Las videoconferencias causan ansiedad por fealdad

Según un estudio publicado por Wired, la frecuente exposición a las videoconferencias provoca en muchas personas lo que los expertos ya han llamado la “dismorfía de Zoom”.
La dermatóloga Shadi Kourosh se dio cuenta de que en el momento en que bajaron las restricciones del confinamiento, tuvo un importante incremento de consultas acerca de temas estéticos que afectaban cuello y rostro: estado de la piel, arrugas en el cuello, papada, bolsas en los ojos, etc. Muchas personas se veían peor de lo habitual y estaban preocupadas por su imagen en las videoconferencias y también por su vuelta a la actividad presencial.
Kourosh compartió esta preocupación con otros colegas y realizaron un estudio para saber hasta qué punto las videoconferencias pueden llegar a ser un desencadenante o potenciador del transtorno dismórfico corporal. *

Exposición constante al espejo

Según el estudio de seguimiento que se publicará próximamente en el International Journal of Women’s Dermatology, el 71% de las 7000 personas encuestadas estaban ansiosas o estresadas por regresar a sus actividades en persona. Y tres de cada diez dijeron que pensaban invertir en su apariencia como estrategia de afrontamiento de los eventos presenciales.
Una de las conclusiones es que la permanente visión de uno mismo en la pantalla tiene un efecto de “exposición constante ante el espejo”, pero con dos diferencias básicas.
La primera es que este “espejo-pantalla” está ligeramente deformado por el objetivo de la cámara, aunque casi no nos damos cuenta. Y la segunda es nuestra actitud, pues cuando nos miramos por la mañana para arreglarnos no estamos hablando, gesticulando, ni en una situación de compromiso laboral.
Esta exposición permanente de una sola parte del cuerpo y tan significativa, ha causado una atención desproporcionada en el rostro, pues ahora es la única parte de los demás que podemos ver y además, a una distancia menor de lo que estaríamos en presencial, porque todo detalle se magnifica.
Teniendo en cuenta que las videoconferencias seguirán siento parte de nuestra comunicación personal y profesional, quizás será necesario tomar medidas para evitar estos sesgos en la autoimagen y los transtornos más severos como esta “dismorfía de Zoom“.
Aquí tienes algunos consejos para ahorrarte unas inyecciones o una cirugía que seguramente no necesitas:

  • Ilumina bien tu rostro. Las luces del techo son las menos favorecedoras porque te provocan sombras. Busca una lámpara frontal y mejor de luz cálida que fría.
  • Utiliza prendas superiores que te favorezcan, según tu morfología.
  • Vístete de colores que animen tu expresión y te aporten alegría.
  • Utiliza base de maquillaje de tu color de piel para que luzca más uniforme. Utiliza polvos matizadores para evitar brillos. El colorete es un gran truco para evitar que se vea un rostro demasiado plano. Perfilar las cejas da más expresividad a tu mirada.
  • Sitúate correctamente ante la pantalla: los ojos a la altura del objetivo. Así evitarás efectos extraños. Cuanto más cerca estés del objetivo más deformado quedará tu rostro.
  • Aprende a controlar la expresión facial: evita muecas, caras de preocupación, aburrimiento, etc.
Trabaja la autoestima

Pero no todo es estética. La mejor forma de esquivar la ansiedad por dismorfía es trabajar en el plano de la conciencia y la autoestima. Probablemente será útil recordar que:

  1. El valor que aportas está en el mensaje, en tu trabajo, en la experiencia y tu capacidad de relación con los demás.
  2. Las personas no te van a apreciar por tener un cuello sin papada o unos pómulos perfectos.
  3. La capacidad de seducción y persuasión no está en la nariz, la piel o los labios sino en el movimiento, la expresión y la voz.
  4. Las imágenes que vemos en televisión, las redes o la publicidad no son reflejo de la realidad. Están seleccionadas, retocadas y representan cánones de belleza que no son universales y que son imposibles de conseguir en la mayoría de los casos.

La apariencia es importante y es nuestra primera carta de presentación. Lo sabemos de sobra. Cuidar nuestro aspecto es una de las estrategias principales de comunicación y hay que utilizar este factor de influencia. Pero tenemos que evitar que se nos vaya de las manos, que tome un protagonismo excesivo y, especialmente, que se convierta en un factor de estrés, insatisfacción permanente y obsesión por la imagen.

* El trastorno dismórfico corporal es un trastorno de salud mental en el que no se puede dejar de pensar en uno o más defectos percibidos o defectos en la apariencia, un defecto que parece menor o que no puede ser visto por los demás. Pero puedes sentirte tan avergonzado, intimidado y ansioso que es posible que evites muchas situaciones sociales. Fuente: Clínica Mayo.