Telemedicina y empatía

La llegada del Covid19 ha acelerado, según los expertos, unos cinco años la implantación generalizada de la telemedicina en el sistema de salud.

Y esto significa que casi nadie estaba preparado: ni la estructura, ni la administración, ni la tecnología de cada centro. Y tampoco los profesionales y los pacientes, que han tenido que adaptarse sin las herramientas adecuadas y sin preparación de ningún tipo a una nueva modalidad de relación que rompe la sagrada “consulta” cara a cara donde se establece la confianza que toda persona busca cuando se trata de algo tan importante como su salud.

Comunicación virtual con el paciente

La telemedicina es ya una práctica habitual y será cada vez más

Hemos organizado, pues, lo que podemos llamar una telemedicina de emergencia. Y como todo lo que no se ha planificado con tiempo, tiene importantes desjaustes. Pero no hay que valorar la telemedicina por como funciona en la actualidad sino por lo que puede ser en unos pocos años.

Soy optimista y estoy segura de que llegará el día en que podremos hablar de un auténtico y eficaz sistema de “telesalud”, en el que todos estaremos participando activamente no sólo para curarnos sino también para tratar de forma más holística nuestro bienestar físico y mental. Un sistema en red en el que tendremos acceso a diferentes especialidades de una forma organizada y que contemplará la relación médico-paciente y entre profesionales de distintas especialidades así como las interacciones entre pacientes para compartir experiencias y apoyarse mutuamente.

Entre los retos que tienen ahora los expertos en salud está el de establecer los procedimientos y destinar los medios adecuados para crear un sistema con “criterio” para establecer cuando es necesaria la visita presencial y cuando puede ser a distancia y con qué tecnología.

Uno de los miedos que tienen tanto profesionales como pacientes ahora mismo es que en remoto, incluso a través de una vídeollamada, se puede perder información valiosa. El profesional necesita ver y tocar, captar estados de ánimo, escuchar bien la respiración u observar los movimientos de esta persona cuando entra, se sienta, habla, se desnuda o se despide.

Y el paciente necesita ver en el rostro de cualquier profesional que le atiende, la sonrisa, la mirada atenta, el tacto experto y el gesto de ánimo.

Todos queremos una medicina “humana”. Y no podemos perder esta perspectiva bajo los efectos de la pandemia que tanto dolor nos ha causado.

Tememos que la relación médico paciente ya no volverá a ser nunca más la misma y pensamos que será más fría, distante e impersonal. No tiene por qué ser así, si sabemos hacerlo.

En esta transformación necesitamos más que nunca tener desarrolladas nuestras habilidades de comunicación. No sólo las de los profesionales, que deberían contemplar estas competencias como parte su curriculo y como parte de su profesión. Sino también las de los pacientes y familiares, porque tendemos a reclamar nuestros derechos olvidando que tenemos también unos deberes.

Al igual que los médicos deben tener habilidad para desestressar una situación y para trabajar fuera de su zona de confort, los pacientes también tenemos que ser respetuosos y empáticos con unos profesionales que sufren igual que nosotros o más, una situación dramática que nadie ha querido.

Con la implantación de la telemedicina, no sólo necesitamos manejar una teconología sino que tenemos que aprender a comunicarnos a través de ella.

Tenemos que garantizar que se mantienen las habilidades básicas como la escucha activa, la empatía, la asertividad o la gestión de conflictos, para mantener una relación a distancia que sea eficaz desde el punto de vista científico y además cálida y humana.

Por lo tanto, el aprendizaje no se limita sólo a entender como funciona la plataforma de videollamadas, el sistema informático de tu hospital o el móvil con el que llamas. Hay mucho más que esto.Profesionales y pacientes ahora tienen que:

1. Ser más conscientes de su propia comunicación
2. Preparar mejor cada interacción
3. Explicarse de manera más clara y concreta
4. Esforzarse por compensar la frialdad de la relación a distancia

La formación en habilidades para profesionales tiene ya un largo recorrido. Centros de salud, hospitales públicos y privados, clínicas especializadas han dado mucho valor a estas competencias que mejoran de manera sustancial lo que en otros campos llamaríamos el trato al cliente.

Muchos, se forman por iniciativa propia porque saben lo importante que es para tener una buena relación con el paciente, que redunda en el bienestar de ambos. He tenido el privilegio de formar a cientos de médicos de distintas especialidades y farmacéuticos de hospital durante esta última década. Y puedo asegurar que incluso los más veteranos, agradecían poder manejar la comunicación de manera consciente, organizada y práctica para aplicar en su día a día.

Los pacientes, por su parte, son cada vez más conscientes de que también son protagonistas en esta transformación. Se tienen que implicar activamente, aportar en positivo. Y para ello también tienen que adaptarse a la nueva relación. Son muy buenas experiencias las que están llevando a cabo asociaciones como ConArtritis, que han organizado talleres de habilidades de comunicación para los asociados y familiares.

 

 

El cerebro humano está diseñado para la comunicación cara a cara y, de repente, nos encontramos que tenemos que tratar temas altamente sensibles a través de medios que se interponen entre nosotros.

La telemedicina, o mejor la “telesalud” proporciona enormes ventajas para cada uno de nosotros y en conjunto para el sistema y la sociedad. Tenemos que afilar nuestras habilidades para integrarla: ser educados y atentos, dominar las técnicas de comunicación y entrenar las habilidades para conseguir lo esencial de cualquier relación: la confianza.

Si te interesa recibir información sobre nuestros programas online y las formaciones a medida sobre habilidades de comunicación y telemedicina para profesionales y pacientes contáctanos.