Sonreír es bueno pero no obligatorio

Desde el auge de la psicología positiva y la expansión de algunos mantras del comportamiento para la felicidad, la sonrisa se ha convertido en la expresión del éxito personal, la buena actitud y la vitalidad. Sonreír es bueno, pero no obligatorio. Y hay sonrisas que nos perjudican.

Nos dicen que para ser alguien en este mundo y para triunfar, tienes que lucir siempre tu mejor rostro, demostrar que eres feliz y casi forzar a los demás a que lo sean. (Lee, para conocer el alcance de la dictadura de la felicidad el libro Happycracia de Edgar Cabanas y Eva Illouz. Podrás apreciar, si no te has dado cuenta ya, la frivolidad con la que se trata hoy en día el valor del éxito y el camino para alacanzarlo, el bienestar emocional obligatorio, la evitación del dolor y el engaño permanente que construimos en las redes para dejar constancia siempre de lo fantástica que es nuestra vida.

No negaré la importancia de la sonrisa en las relaciones humanas. La practico a menudo, conozco su poder, predico su capacidad para crear un entorno más agradable y hacer que las relaciones sean más fluidas. No se pueden negar las ventajas de una sonrisa abierta y sincera.

Pero esto es sólo una cara de la moneda. Tendemos a simplificar demasiado. Y en términos de comunicación no verbal, siempre son necesarios los matices, las explicaciones y los detalles.

En cuanto a la tan valorada sonrisa, olvidamos que hay de muchos tipos, que las culturas la utilizan de maneras diferentes, que hombres y mujeres sonríen de manera distinta y que ellas lo hacen muchos más minutos al día que ellos.  Y, atención: sonreír puede ser muchas veces contraproducente y hasta peligroso.

Porque hay sonrisas tristes, de debilidad, de sumisión, de disculpa. A veces delatan nuestra falta de firmeza, timidez e incomodidad. Hay sonrisas que piden benevolencia de un superior y casi perdón por existir.

“Dime cómo sonríes y te diré cómo serás tratado” podría ser el nuevo refrán. Porque los demás nos tratan según como nos perciben.

Por esto, uno de los gestos que más trabajamos en nuestros cursos de comunicación no verbal (y muy especialmente en el Curso de Habilidades de Comunicación para Mujeres Profesionales y Directivas) es la sonrisa de la seguridad y el liderazgo.

Porque la sonrisa del líder auténtico es muy diferente a la de la persona frágil, insegura, tímida o sometida.

Las personas seguras sonríen espontáneamente, muestran los dientes sin temor, miran a los ojos; y la sonrisa es duradera.

Las personas sometidas (o con poca seguridad en ellas mismas) suelen bajar la mirada y la barbilla, al mismo tiempo que esconden la cabeza entre los hombros, sueltan una leve risita, no suelen mostrar los dientes, a veces se ruborizan…

Todos conocemos este amplio repertorio y hemos utilizado estas expresiones en algún momento. ¿Cuáles utilizas más tú?

Lo importante, como siempre en temas de comunicación, es ser conscientes de cómo utilizamos gestos y expresiones, para saber cómo nos ven los demás. Siendo conscientes de esto, podemos hacernos una idea de por qué nos suceden una cosas y no otras; de por qué los demás nos tratan como nos tratan. ¿Nos ven fuertes o frágiles?

Como decía, la vida no está organizada en categorías extremas y opuestas, sino llenas de grises, con sus luces y sus sombras. Por ello podemos asegurar que la sonrisa tes una fórmula de comunicación muy compleja. Tiene realmente un poder mágico cuando es fruto de la alegría, la serenidad, el deseo de cercanía. Pero puede hacernos más vulnerables cuando nos sentimos obligados a esbozarla y acaba siendo sólo un intento de protección con instinto de supervivencia.