Venderse o no venderse: esta es la cuestión.

¿Te vendes bien? No sabes venderte. Hay que venderse mejor.

 Nos hemos acostumbrado a escuchar expresiones como estas cuando hablamos de entrevistas de trabajo, de promociones internas, de sesiones de evaluación, presentaciones en la empresa. Me dice una seguidora de Instagram: “parece que estamos hablando de una mercancía.”

Y tiene razón. Además, con la historia que lleva implícita la palabra venta o venderse no es extraño que muchas personas sean reacias a utilizarla. Veamos de dónde venimos:

  • Venderse por un plato de lentejas. Ofrecer su servicio, su apoyo o renunciar a sus propias creencias por poco a cambio.
  • Ser un vendido. Ha traicionado sus principios o lealtades para abrazar otros que le reportan más beneficios.
  • Venderse caro. Poner obstáculos a las personas que quieren comunicarse o tratar contigo. Ser inaccesible.

Estas son las expresiones que el Diccionario de la RAE, recoge como habituales en el español. Todas ellas tienen connotaciones negativas. Pero hoy en día, especialmente en el ámbito profesional, la expresión más usada no es ninguna de las anteriores sino “venderse” como sinónimo de hablar bien de uno mismo, promocionarse o hacerse publicidad con el objetivo de tener una buena imagen y más oportunidades laborales o de negocio.

Y es que, queramos o no, nuestros conocimientos, talento y habilidades son una mercancía que vendemos en el mercado laboral. Somos personas y no nos vendemos como tales. Pero vendemos unas capacidades, tiempo y saber a cambio de un salario y otros beneficios menos tangibles como una reputación o la integración en la sociedad. Y lo vendemos a través de una marca, como lo hacen las casas de seguros o la industria de los snacks.

Utilizar el término “vendernos” parece que deshumaniza. Pero si utilizamos otros posibles sinónimos tendremos el mismo problema: autopromoción, autopublicidad…

¿Cómo llamar a este proceso persuasivo que permite que los demás nos consideren una buena opción? Si lo trasladamos al mundo personal o de pareja, decimos que la persona es seductora. No decimos de alguien que busca pareja que se vende muy bien, sino que le atribuimos unas características que parecen parte de la personalidad y no la aplicación de unas técnicas de venta. Pero en realidad está haciendo lo mismo: caer bien a la otra persona, demostrar una serie de habilidades de relación, inspirar confianza, demostrar que puede ser un buen compañero/a.

Las palabras cliente, vender, márqueting o marca, estuvieron hasta hace poco circunscritos al ámbito empresarial más estrictamente enfocado a los negocios. Pero poco a poco el término cliente se ha ido aplicando a usuarios, ciudadanos, pacientes, alumnos y hasta empleados (cliente interno).

Las ideas, los conceptos y el léxico de un área migra a otra y al final nos acabamos acostumbrando a ello. El término estrategia es de origen militar. Pero hoy lo utilizamos para el márqueting, las ventas, la comunicación y cualquier proceso que tenga un objetivo definido.

Lo importante al final, quizás no es el término, sino la acción en sí. Que nos tenemos que distinguir, procurar una buena reputación y defender nuestros intereses está claro. Otra cosa es cómo lo hacemos. Mientras mantengamos unos principios sólidos, seamos transparentes y honestos y competentes, la venta será una acción que beneficiará a ambas partes.

Y, no olvidemos, que el talento que no se vende no estará circulando, con lo que conlleva una importante pérdida, no sólo para la persona que lo posee, sino para toda la sociedad.