¿Sabrías decir qué es lo te hace ser una mujer extraordinaria?

La iniciativa #IamRemarkable de Google fomenta el reconocimiento del éxito y la autopromoción entre mujeres y grupos con poca representación social. El vídeo https://www.youtube.com/watch?v=YKBgEsH0PJc&t=4s nos permite ver cómo a las mujeres nos resulta difícil valorar por escrito qué es lo que nos hace buenas en algo, y aún más difícil cuando tenemos que expresarlo públicamente.

Nos esforzamos por trabajar bien, ser competentes y estar bien preparadas, pero hay algo que nos mantiene siempre en el mismo sitio, algo que nos impide ascender y no sabemos a qué se debe.

Los estudios han demostrado que las mujeres sufrimos la invisibilidad de manera involuntaria pero también de manera intencional (Why Women Stay Out of the Spotlight at Work, Priya Fielding-SinghDevon Magliozzi y Swethaa Ballakrishnen, August 28, 2018)

¿Por qué nos ocurre esto especialmente a las mujeres? Hay varios factores que hacen que tengamos esos pensamientos que nos limitan y nos empequeñecen, y son factores fruto de nuestro propio pensamiento y temor a hacernos visibles.

Uno de los factores pertenece a la educación que hemos recibido; se ha potenciado siempre en nosotras la discreción, la modestia, la amabilidad y el servicio a los demás.

Se ha descubierto que muchas mujeres adoptan esta invisibilidad intencional para evitar conflictos en la empresa o reacciones violentas de los compañeros, para sentirse auténticas en el trabajo y para poder equilibrar las demandas profesionales y personales.

En general nos sentimos mal rivalizando, demostrándolo abiertamente y buscando una posición ganadora. Lois Frankel, una reconocida experta estadounidense en liderazgo, ha observado que las  mujeres tienden a enfocar el trabajo más como un acto social donde todos se reúnen durante el día para jugar juntos. “En nuestro deseo de crear situaciones en las que todos ganen, sin saberlo, creamos situaciones en las que otros ganan y nosotras somos los perdedoras”, según Frankel.

Hemos preferido desde niñas los juegos asociados al cuidado de los demás, a la propia belleza o a las relaciones con las demás niñas. Hemos huído de la competitividad porque queríamos evitar enfrentamientos, y hemos preferido cultivar unas relaciones basadas en la complicidad y el bienestar de los que nos rodean. Y esto nos pasa factura en el trabajo. Porque no sólo evitamos los conflictos, sino que incluso llegamos a priorizar el bienestar de los demás por encima de nuestros propios intereses.

Entre otras, podemos hablar de 5 barreras mentales que frenan estas opciones a ser más visibles, valoradas y competentes profesionalmente. Siendo conscientes de ellas podremos eliminarlas de nuestra cabeza y lanzarnos al progreso.

  1. Ser ambiciosa y competitiva es feo, no les gustaré a los demás. Pensarán que soy una mandona.
  2. Ganar dinero no es lo más importante en esta vida. Me conformo con lo que tengo aunque sepa que no está bien valorado.
  3. Las mujeres que llegan a cargos superiores se han masculinizado y no están bien consideradas por los demás.
  4. Si trabajo mucho y bien algún día llegará la recompensa. No hace falta que diga lo bien que hago las cosas.
  5. No quiero problemas, quiero estar bien con todo el mundo. Mejor no entrar en discusiones o llevar la contraria aunque tenga razón.

Seguro que puedes identificarte en uno o más de uno de estos pensamientos. Pues son pensamientos limitantes que nos cortan las alas y crean en nosotras inseguridad e invisibilidad. Pasamos desapercibidas, y lo sabemos.

Una vez somos conscientes de que estas barreras mentales son las que nos frenan y tomamos conciencia de nuestro comportamiento, podemos empezar a planificar nuestro camino a la visibilidad. No es fácil, pero se puede superar.

Planificar nuestro camino al éxito no sólo nos llevará a una mejor posición profesional, sino también a una mayor seguridad en nosotras, y por tanto, a una mejor relación con nuestro entorno. El entreno en habilidades de comunicación para ganar seguridad y confianza se hace indispensable para ello. Porque nadie nace enseñado; hay que entrenar.