Las habilidades de comunicación de los robots ya superan a las de algunas personas

Después de terminar con una relación, Theodore conoce a Samantha, un sistema operativo del que se enamora. Pero «ella» tiene claro que quiere mejorar su capacidad sin la ayuda de los humanos. Este argumento de la película “Her” es sólo un ejemplo de las capacidades infinitas que tienen los robots. Es en este punto donde surge el debate sobre las habilidades de comunicación y las competencias humanas de estos seres y cómo nos pueden afectar a nosotros.

Los robots son dispositivos que actúan siguiendo instrucciones incorporadas a través de un sistema informático. Su objetivo es imitar el comportamiento humano para facilitarnos el día a día. Pero, ¿es realmente así o más bien están adoptando las capacidades humanas y por tanto, sustituyéndonos? ¿Dónde está el límite de las habilidades de estos aparatos?

Los otros trabajadores

Incluso estos seres ya se han apoderado de los trabajos de los humanos. Quizás conoces a alguien con un pequeño objeto llamado “Roomba” dando vueltas por el suelo de casa. Está claro que no es un robot con cuerpo de persona, pero sí hace su trabajo: barrer y fregar el suelo de casa, en definitiva, librar de esta tarea a sus habitantes.

Otro ámbito muy cuestionado por su presencia es la comunicación. Nos preguntamos si un robot hará el trabajo del periodista y no será necesario que nadie esté en la redacción. ¿Sería realmente fiable la información que pudiera aportar? Partimos de la base de que un periodista informa e interpreta. Sí es cierto que se pueden introducir unos determinados patrones para que los autómatas puedan crear noticias. Lo que se pone en duda es que éstos tengan un estilo propio como tiene cada periodista, principalmente porque si se introduce un patrón de estilo, éste acaba siendo una copia de alguien.

Incluso un banco japonés probó la introducción de los robots en algunas sucursales bancarias de Tokio para recibir a los clientes. Éste tenía un coste de unos 6.800 euros y podía captar la expresión facial y el comportamiento de las personas de alrededor. Por otra parte, según «The Economist»  los autómatas podrían causar la desaparición de los call center. De esta manera se reducen costes de personal y se automatiza una tarea aburrida. Y si quiere que un humanoide inteligente haga una presentación o un discurso, puede encontrar en el mercado a «Reem». Interactúa, reconoce las caras y habla 9 idiomas.

Nuevos compañeros

Debemos recordar que los humanos nos caracterizamos por tener pensamiento y emoción. En el caso de los robots, el pensamiento sería todos los datos que se introducen a través de la informática. ¿Pero tienen sentimientos? David Hanson, de Hanson Robotics, creó Sophia, un robot capaz de enamorarse a partir de la introducción de un algoritmo que se lo permita. Habrá que ver si las emociones se podrán programar o no.

Otro reto al que tendremos que estar atentos sería el de la socialización de los robots, concretamente lo que se conoce como robot social. Esta característica hace que los dispositivos interactúen con los humanos y se cree una relación más cercana. Los robots más sofisticados ya se comunican verbalmente y no verbalmente de una manera coherente con la conversación que mantienen. Y cada vez serán más capaces de leer las expresiones corporales humanas e interpretar el tono de voz para responder de la manera adecuada. Llegará un momento en que podremos hablar de robots con capacidad para la empatía. Llegados a este punto es muy probable que algunas personas prefieran tener un robot como compañero de vida, pues estará preparado para escucharte y responder mejor que una persona.

En 1921 el escritor checo Karel Capek mencionó por primera vez el término en la obra teatral «R.U.R.» donde los describía como «criaturas mecánicas creadas para acabar con el trabajo manual del hombre». Por lo que parece también acabarán superando las capacidades comunicativas de los humanos y ya se puede decir que algunos robots hablan mejor en público que muchas personas. Ante un futuro que avanza a grandes pasos podemos preguntarnos si los robots nos sustituirán solamente en el trabajo o también en la vida afectiva.