La fuerza de un discurso: autoridad y emoción en los gestos de Angela Merkel

Hablamos con frecuencia en esta página de los valores que mueven a los líderes y de los estilos de comunicación que les permiten ser más influyentes.

Más allá de las técnicas de persuasión, las calculadas puestas en escena y la creación de un discurso para quedar bien, los líderes nos brindan momentos de auténtica autoridad (no de poder). Estos en que se habla desde el corazón y la honestidad, buscando el bien de las personas más que del capital, del partido o de la propia reputación.

Así es uno de los momentos que Angela Merkel nos ha ofrecido esta semana. Delante del Parlamento Federal de Alemania y dirigiéndose no sólo a los políticos sino a todos los alemanes, Merkel ha suplicado conciencia y responsabilidad.

Si el vídeo se ha hecho viral no es por casualidad. Es el mensaje que representa la autoridad y la vulnerabilidad al mismo tiempo. Escuchamos una voz firme y contundente que es capaz de quebrarse por la emoción. Vemos su característico puño cerrado, mezclarse con estas manos que se hunden en el pecho y se abren desde el corazón.

Sus palabras son durísimas acerca de la realidad y lo que puede suceder en las próximas semanas, pero cargadas de amor y solidaridad. Especialmente pensando en las personas mayores.

Ningún político quiere aguar las fiestas navideñas ni otros momentos de goce a unos ciudadanos que hace meses soportan el distanciamiento social, sufren la falta de contacto físico y muchos padecen una situación económica precaria.

Pero Merkel es una mujer de formación científica y, en consecuencia, habla teniendo en cuenta los consejos y advertencias de los científicos, que saben que el virus no tiene ningún color político ni entiende de economía. Merkel sabe los peligros a los que nos enfrentamos si no nos portamos bien. Nos habla claro, nos da datos reales, no suaviza
nada.

Los datos (590 muertos en un día) tienen un gran poder pero también pueden ser fríos y hacernos creer que sólo afectan a los demás. Por eso la matriarca Angela Merkel lo tiene que hacer sentir en el corazón de cada persona y advierte casi en lágrimas: si nos empeñamos en celebrar la Navidad como cada año, esta puede ser la última vez que la pasamos con los abuelos.

Tenemos que preservar a nuestros abuelos.

Siempre nos han dicho que la Navidad es una fiesta que reúne familias. Pero en el 2020, sentarnos en la misma mesa es un acto de egoísmo.

Cuida de los tuyos a distancia. Llámales, contacta con vídeollamada y diles cuanto les quieres. No permitas que nadie se sienta solo y no permitas que nadie se contagie.

De momento, lo único que puede parar el virus es nuestra responsabilidad.

Puedes ver el discurso de Angel Merkel, aquí.