El lenguaje del cuerpo

Imaginemos que tenemos que hacer una presentación en público. Es muy probable que pasemos días pensando qué diremos, qué ideas seleccionaremos, en qué orden las presentaremos, quizás incluso preparemos unas diapositivas que nos ayuden a que el mensaje se comprenda mejor.

Sin embargo, pocas veces nos paramos a pensar en otros elementos que van más allá del contenido del mensaje: ¿Hacemos la presentación sentados o de pie? ¿Utilizamos un atril? ¿A qué distancia nos colocamos de nuestro público? ¿Qué indumentaria escogemos para la ocasión?

La respuesta dependerá de lo que queramos conseguir. Pero sea cual sea el objetivo, lo que sí debemos comprender es que nuestro lenguaje no verbal tendrá mucho más impacto en el mensaje final que el contenido del mismo. Porque a través de nuestro cuerpo trasmitimos mucho más que palabras; trasmitimos actitudes y emociones.

La comunicación no verbal comprende no solo el movimiento de nuestro cuerpo y los gestos que realizamos; sino también el uso que hacemos del entorno y la imagen que proyectamos.

Aspectos como la mirada, la expresión del rostro, el movimiento en el escenario, la postura, la posición de las manos… todo ello configura un conjunto de señales que enviamos a nuestro público de forma inconsciente. En ocasiones, nuestro cuerpo nos delata y, por muy trabajado que tengamos el contenido de nuestro discurso, enviamos señales contradictorias que nos restan credibilidad ante nuestra audiencia.

Tomar conciencia de nuestro lenguaje no verbal y aprender a utilizarlo nos ayudará a reforzar nuestros mensajes, a conectar mejor con nuestra audiencia y ganar en impacto e influencia.

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