Déjate ayudar. 8 consejos para pedir ayuda correctamente.

Quizás eres de estas personas responsables y generosas que siempre están disponibles para los demás pero que no piden ayuda para no molestar, por timidez, por el miedo a un “no”.

Pues estás dejando pasar buenas oportunidades de hacer felices a otras personas. Sí, sí, pidiéndoles que te echen una mano en cualquier asunto: de lo más banal a temas serios que te preocupan de verdad.

La mayoría de nosotros partimos de una idea equivocada: pedir un favor es un abusar, si me ayudan estaré en deuda, mostraré debilidad.  Esta forma de pensar es habitual en sociedades muy individualistas como ya está siendo la nuestra.

En cambio, en sociedades más colectivistas, la comunidad teje las relaciones a través de la cooperación y la solidaridad.

En la cultura del bienestar, la mayoría tiene suficientes recursos para vivir completamente solo y con unos servicios tanto públicos como privados que satisfacen las necesidades básicas. Y nos creemos que  no necesitamos a nadie. Cada vez nos aislamos más y estamos enfocados  a nuestros objetivos personales. No pedimos nada a nadie y así los demás tampoco nos van a robar este tiempo tan valioso o no nos van a implicar en sus problemas, porque “bastante tengo yo con los míos”.

Y de esta manera alimentamos esta pandemia llamada soledad que se extiende cada día más en el mundo occidental, el rico, el avanzado.

Pero podemos cambiar esta tendencia. Seguro que has experimentado la satisfacción de dedicar tu tiempo o tus destrezas a amigos, compañeros de trabajo y hasta desconocidos. Las personas que practican voluntariado sienten que la compensación que reciben por su dedicación es mucho mayor que el esfuerzo que realizan. Y, los destinatarios de esta generosidad lo valoran infinitamente.

Pero para que alguien pueda ser generoso, solidario, buen vecino o atento compañero, tiene que haber personas dispuestas a aceptar este apoyo.

No pedir ayuda, o rechazarla puede ser una muestra de autosuficiencia, a veces arrogante. Cuando pedimos que nos echen una mano o nos den un consejo u opinión estamos dando la oportunidad a alguien de que se sienta útil, valorado y satisfecho.

Y si molestamos, si no es oportuna nuestra petición, nos lo dirán, lo notaremos. Pero no debemos de tener miedo al “no”.

Visto todo esto, también hay que aclarar que hay maneras y maneras de pedir colaboración. Hay que comportarse con amabilidad y sin hacer sentir mal al otro.

Aquí tienes 8 consejos que te pueden ayudar a hacerlo correctamente:

  1. No hables en general para ver si salen voluntarios, porque quizás algunas personas no se sienten interpeladas. En lugar de decir “¿Alguien me ayuda?”, mejor que le pidas a una persona concreta lo que necesitas.
  2. No te quejes o refunfuñes por la cantidad de trabajo o porque no sabes hacer algo o porque siempre lo haces tú todo. Pide ayuda directamente y con buen humor.
  3. No prometas nada a cambio. Porque entonces lo que planteas es una transacción, una negociación. O incluso puede ser visto como un chantaje. Las personas quieren ayudar de manera voluntaria y es esto lo que les da satisfacción, no la presión.
  4. Busca el mejor momento, a no ser que sea una emergencia. Por ejemplo, no interrumpas una persona que está concentrada en una tarea compleja o que está en una conversación importante.
  5. No se lo pidas siempre a la misma persona. Nos gusta ayudar pero no que abusen de nosotros.
  6. Utiliza siempre las dos palabras mágicas: “Por favor” y “Gracias”. Además explica el porqué y el cómo, si es necesario. Nos gusta saber por qué hacemos las cosas.
  7. Expresa lo valioso que ha sido para ti esta colaboración. Y, si es algo que da resultados más adelante, hazle saber que has obtenido el éxito gracias a su participación.
  8. Aunque no es estrictamente obligatorio, no te olvides de corresponder a las personas que están dispuestas a dedicarte un trocito de su vida.

Cuanto más das, más recibes. Esto seguro. Y, si recibes, tienes que dar. En esto se basan las relaciones humanas. Humanas y solidarias. Y no podemos pretender que nuestra familia, el trabajo, el barrio, la ciudad o toda la humanidad sea simplemente un grupo de personas totalmente autosuficientes. Siempre llega un momento en que necesitamos saber que estamos entrelazados, aunque sea anónimamente, por esta cadena siempre en dos direcciones.

Esta red que construimos es más poderosa y nos hace más felices si, además de las buenas actitudes, sabemos comunicarnos.