El debate y la importancia del lenguaje no verbal

Uno de los escenarios de comunicación que más temen los políticos son los debates. Y es lógico, teniendo en cuenta que es una palestra llena de oportunidades, pero también de riesgos.

 

Los debates históricos en los que se han decidido unas elecciones, especialmente en Estados Unidos, como el debate entre Kennedy y Nixon. Estos debates son estudiados por los expertos segundo a segundo para ver qué da ventaja a uno o a otro candidato, aunque parece que la fórmula perfecta es difícil de conseguir:

Debate entre Kennedy y Nixon

Pero hoy, más allá del espectáculo mediático, no está tan claro que el electorado se deje influir por lo que ve y escucha en un debate. Tiene otras muchas fuentes de información y, probablemente, ya tiene tomada una decisión antes de la escenificación de la contienda.

Incluso existe el riesgo de que se desincentive a los votantes por el lamentable espectáculo que ofrecen y que nada tiene que ver con la defensa de unos ideales o de un programa electoral. Lo hemos visto en el reciente debate entre Trump y Biden.

Una de las consecuencias de la agresividad entre los candidatos es la pérdida de confianza en el sistema democrático y la contribución al desgaste de los políticos en general, ya que inconscientemente se extrapola la imagen de una persona concreta a todo el gremio o a todos los integrantes de un partido.

Teniendo en cuenta esta situación, la preparación de un debate no es sólo tarea del candidato sino de todo un equipo de estrategas y asesores. Pero no podemos olvidar que quien aparece delante de las cámaras y quien lleva a cabo el debate es una persona con una imagen pública, con una personalidad, un carisma y unas habilidades de comunicación concretas. Y sólo esto es lo que ven los espectadores, la punta de un iceberg.

Los comentaristas se empeñan después del debate en destacar los gestos que consideran más reveladores de cada contrincante, en revelar los indicios de inseguridad o incluso de engaño. E insisten en valorar la forma de vestir como uno de los lenguajes inconscientes para influir en el público.

Pero veamos cómo preparar bien un debate, sea político, académico, con medios de comunicación o sin ellos. Para llegar a tu público y conseguir que reaccione como deseas, necesitas pasar por una serie de fases muy importantes antes de pensar cómo te vas a vestir.

Trabajar la propuesta o el programa

Las ideas tienes que estar claras, el programa tiene que ser consistente y coherente. Analiza los puntos débiles de tu propuesta y los puntos fuertes. Recopila datos relevantes y argumentos que soporten tus propuestas. Piensa cómo afecta lo que propones a tu público y busca la forma de demostrar que tu posición les va a beneficiar.

Ten en cuenta también que hay distintas maneras de ver y vivir las cosas: desde un punto de vista racional, emocional o social. No decidimos nuestro voto sólo por argumentos racionales y bien fundamentados, sino influidos por lo que votan nuestros amigos o por el sentimiento que tenemos hacia una opción política o incluso, lo simpático que nos parece una o un candidato. Por lo tanto, sintonizar con las emociones de tu público y caer bien, también es importante.

Preparar una estrategia

 Tienes que saber a quién quieres llegar y cómo quieres que reaccionen. Piensa si vas a hablar para tus seguidores o para personas que todavía no tienen una idea formada sobre el tema, votantes indecisos o seguidores de otra opción que puedes captar para la tuya. La estrategia será distinta en cada caso.

Aquí también se define la imagen que hay que proyectar tanto de la organización como del representante. ¿Qué valores encarna? ¿Qué estilo le define?

En un debate no hay tiempo de decir todo lo que pensamos o sabemos, así que tendremos que priorizar según el objetivo que tengamos. Lo más seguro es que no podamos conocer la estrategia de nuestros rivales, pero sí podemos estudiar sus mensajes, su estilo de comunicación y prepararnos para contrarrestar sus mensajes, especialmente sus posibles ataques.

Cuando en el debate hay más de dos candidatos, podemos decidir que sólo dedicamos esfuerzos a neutralizar aquella opción que realmente es nuestra competidora y no esforzarnos en una propuesta que no va a perjudicarnos. Por ejemplo, entre partidos políticos, no merece la pena dedicar tiempo a contestar al candidato de un partido que no tiene opciones de ganar o que no ocupa nuestro espacio político.

Diseñar y entrenar la comunicación

Cuando nos comunicamos utilizamos tres tipos de lenguaje: el lenguaje verbal, el lenguaje paraverbal y el lenguaje corporal. Tanto la palabra, como la entonación o los gestos son importantes en cualquier conversación; los tres lenguajes deben ser coherentes para transmitir lo que queremos a nuestro receptor.

En los debates, ya sean políticos o no, debemos expresar seguridad, firmeza y serenidad al mismo tiempo. Lo que no le gusta al público es que el candidato o representante caiga en la provocación del rival y pierda los papeles. Uno de los retos principales en un debate es mantener siempre el control, dentro de la firmeza, y mantener siempre seguridad y serenidad.

Las ideas se expresan con palabras

En cuanto al lenguaje verbal, debemos ser cuidadosos en cómo verbalizamos las ideas; las frases demasiado largas y complejas, o inacabadas dificultan la comprensión y transmiten una imagen de persona confusa. Las frases que transmitan las ideas clave deben ser cortas, para que cada una pueda convertirse en un titular.

Si un candidato político quiere llegar a sus electores, deberá huir del lenguaje abstracto y concretar situaciones en las que la gente se sienta identificada. Evitar términos demasiado complejos que la audiencia no entienda, pero también huir de un lenguaje demasiado coloquial o vulgar. Por supuesto, el insulto debería ser descartado si uno quiere mantenerse dentro de los límites del respeto y la tolerancia.

Por supuesto debemos evitar acusaciones, reproches y la humillación. En el caso de que ocurra al revés, también hay que saber reaccionar, no caer en la provocación, ni ponernos en el mismo nivel del otro.

Es importante no alterarnos en un debate, evitar ponernos a la defensiva ante los ataques de los demás, o resultar agresivos, ya que nuestro mensaje perderá eficacia si se detecta tensión.

 Aquí tienes como ejemplo los comentarios de Teresa Baró en el análisis de la comunicación de algunos líderes que, por unas circunstancias u otras, han resultado personajes carismáticos:

El lenguaje no verbal de los líderes

El lenguaje no verbal de los líderes

El cuerpo y la voz transmiten emociones y actitudes

La voz es uno de los pilares de nuestra imagen. Nos identifica y forma parte de nuestra marca personal. Y, además, es la vía por la que trasladamos las ideas y las hacemos creíbles, poderosas convincentes. O, por el contrario, aparecen débiles, incluso falsas, o pasan desapercibidas.

Cualquier persona que quiera resultar convincente deberá hablar de manera clara y pronunciando correctamente los sonidos de la lengua que habla. Esto lo hace más profesional y competente para su público.

Los que tengan tendencia a la agresividad, a interrumpir constantemente y a elevar la voz, tienen que saber que esto no les hace más incisivos y poderosos, sino que aparecen irritados y con miedo a perder. Es mejor adoptar un tono sereno, hablar despacio y sin gritar. La falta de control emocional socaba la autoridad. Por lo tanto, es mejor trabajar en una voz clara, serena, firme y que utiliza los recursos expresivos de manera inteligente. Aquí tienes algunos consejos:

Expresa las ideas y argumentos que has preparado con frases breves. Llegan mucho mejor a tu público, impactan más y son más memorables. Además, si hay prensa, pueden convertirse en titulares.

Deberemos utilizar variantes en la entonación que eviten la monotonía y mostrar pasión, entusiasmo y convicción. Un recurso útil para hacer variado nuestro discurso será combinar frases afirmativas con preguntas retóricas y exclamaciones.

En un debate, las pausas que tanto recomendamos en los discursos no son buenas aliadas porque pueden dar una oportunidad a los rivales para usurparnos la palabra.

Nuestro lenguaje corporal debe acompañar en todo momento nuestras afirmaciones; las manos deben “acompasar” la palabra, al mismo tiempo que deberemos tener en cuenta que los movimientos de nuestras manos no sean bruscos o demasiado abiertos y tapen nuestra cara. Huiremos de movimientos grandilocuentes que dificultan la visión de nuestra expresión facial y distraen. Es importante adoptar un lenguaje corporal abierto y una expresión serena; para ello, si estamos de pie, nuestra posición será la llamada posición “VASE” (vertical, abierta, simétrica y estable).

El dominio consciente del lenguaje corporal es la clave del éxito para generar confianza y para resultar atractivo a los espectadores. Seguramente no recordarán lo que has dicho, pero sí recordarán tu imagen, tu actitud, si estás preparado para gobernar y si eres una persona en quien confiar. Y todo esto se transmite a través del lenguaje no verbal. Si quieres entrenar este aspecto – el más desconocido- de la comunicación en público consulta nuestro

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Hay que tener en cuenta que no es lo mismo un debate de pie que sentados. Cuando estamos de pie y con un atril, es importante mantener el cuerpo erguido. Incluso podemos inclinarnos un poco hacia delante cuando nos dirigimos directamente a un rival o en el alegato final mirando a cámara.

La imagen personal

 Finalmente, el aspecto es una cuestión relevante. Tanto nuestro físico como la forma de vestir y todos los complementos, transmiten mensajes que el público procesa de manera bastante inconsciente. El aspecto tiene que ser coherente con las ideas que defendemos, tiene que favorecernos y tiene que causar en el público el efecto que deseamos: grado de formalidad, elitismo, sencillez, profesionalidad, sofisticación, etc.

Los colores también transmiten; según nuestra experta en imagen personal, Ainara Monasterio, los colores claros denotan más cercanía que los oscuros, y las líneas de la ropa que llevamos marcarán más autoridad y distancia si son rectas.

En este sentido, el papel del asesor de imagen es clave para orientarnos, no sólo sobre los colores o las líneas que proyectarán una mejor imagen, sino también aconsejarnos sobre aquello que se adapte mejor a nuestro cuerpo. Puedes aprender muchos más detalles sobre imagen personal en el curso online que ponemos a tu disposición:

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La participación en un debate no es garantía de convencer ni de ganar unas elecciones, pero es una buena ocasión para reforzar la marca de los participantes y las ideas u organizaciones que representan. Por lo tanto, igual que en tantas situaciones de comunicación trascendentes, la combinación de planificación y habilidades es la clave.