Cuida la “belleza laboral” para disfrutar más de tu trabajo.

Nos pasamos muchas horas trabajando y cada vez somos más los que no nos movemos de casa.

Salir de la cama, pasar por el baño, la cocina y sentarte en la misma mesa donde comes y empezar a revisar correo, preparar las reuniones del día es muchas veces un ritual automático en el que no ponemos mucha atención. Y acabamos inmersos en un mundo donde mezclamos todo: lo personal, lo profesional, lo doméstico y lo público. Y esto no nos ayuda en nada a sentirnos satisfechos en los distintos aspectos de nuestra vida.

Yo misma, desde que empezó la pandemia, he tenido que crear unos nuevos rituales de trabajo para sentir que controlo mi vida. Y también unos espacios especiales que me permitan trabajar cómodamente y con ilusión. He aprendido el concepto de “belleza laboral”.

No es suficiente con “tener” un espacio, sino que tenemos que “crearlo”: decidir qué habitación o rinconcito de la casa será nuestro “lugar” de trabajo. Aunque sea de quita y pon. Pero mentalmente tenemos que vernos en un espacio exclusivo de trabajo, identificable también por los demás miembros de la familia.

Y además de práctico tiene que ser agradable, bello, que provoque lo que más necesitamos: calma, serenidad, energía, fuerza mental, etc.

Pocas veces somos conscientes de cómo nos influye el entorno en el estado de ánimo, la creatividad, la concentración o las relaciones personales que se dan en este espacio.

Pero sí lo saben los expertos en psicología, conducta no verbal o interiorismo.  Muchas empresas se dieron cuenta antes de la pandemia de que, creando entornos atractivos, cálidos, acogedores, con distintos espacios para cada actividad, aumentaba la satisfacción de los equipos y se sentían incluso más comprometidos con la marca. Diseñaron espacios para comer, para relajarse, tener reuniones informales, salas polivalentes… y todo ello cuidando los tejidos, los colores, los elementos decorativos para que los empleados se sintieran más a gusto en el trabajo que en su propia casa.

Pero ahora, muchas de estas instalaciones han quedado vacías y acabarán probablemente dedicadas a otros negocios. En cambio, pasamos a entender que nuestra vivienda, dejará de ser sólo un espacio para la vida personal, ya sea en familia o en solitario. Ya nos estamos mentalizando de que muchos de nosotros pasaremos nuestra jornada laboral en casa.

Esto tiene sus efectos a muchos niveles. Pero hoy te quiero hablar de la importancia que tiene la adecuación de este espacio para que te sientas lo mejor posible. Hablemos de confort y belleza laboral en casa.

¿Qué tienes que tener en cuenta al elegir este rinconcito para trabajar en casa?

 

  • Que te permita aislarte en un momento determinado, para concentrarte o para mantener tus comunicaciones con el exterior.
  • Que tenga las condiciones de luz, temperatura y espacio para que puedas estar horas. Mejor luz natural que artificial y que sea silencioso. A veces hay que elegir entre la claridad de la habitación que da a la calle y el silencio del patio de luces…
  • Tengas suficiente espacio para desarrollar tu actividad y en condiciones ergonómicas. Una buena silla, muebles para mantener tus cosas ordenadas, etc.

Pero con esto no es suficiente. Además, necesitamos que nos resulte agradable sensorialmente. Es muy importante crearnos un entorno con unos colores que nos resulten atractivos, según preferencias: que nos serenen y ayuden a concentrarnos, pero que también nos aporten vitalidad.

  • La decoración muchas veces pueden ser los propios elementos de trabajo. Si elegimos una tablero bonito para dejar notas, colgar un calendario o un plan de trabajo, puede ser mejor opción que cualquier cuadro de dudoso gusto o que no nos aporta nada.
  • También el material de oficina nos puede inspirar. Podemos tener a mano rotuladores, lápices de colores, cuadernos para notas, hojas grandes para nuestros mapas mentales, organización de tareas, horarios. Todo esto ordenado y colocado en recipientes bonitos, que pueden ser reciclados de botes de conservas o de productos cosméticos.
  • Objetos personales, recuerdos, fotografías, plantas, flores… Incluso tu botella o jarrón de agua, tu taza de café o te… que sean de materiales sostenibles y añadan placer estético a estos momentos.
  • El olor forma parte del paisaje. Evita malos olores. Haz que tu espacio de trabajo esté bien aireado y, si te gusta aromatizarlo, procura que sea a base de esencias naturales y más bien frescas y relajantes.
  • Y, por supuesto, tenemos también un entorno acústico. El silencio sería el mejor fondo. Pero hay personas que trabajan mejor con música, o grabaciones de sonidos de la naturaleza. El fondo acústico también te ayuda a delimitar bien este espacio de trabajo. Por ello te aconsejo tener un tipo de música específica para tu horario laboral.

 

Con todo ello ¿qué ganas? Que tu cerebro asocie trabajo con lugar agradable, acogedor y creativo. Y que lo diferencie del resto de la casa, dónde vas a realizar otras actividades en otros horarios.

Por pequeño que sea este lugar, diséñalo a tu gusto, ponle todo el cariño y disfrútalo.

Si quieres conocer más sobre la importancia del entorno en tu rendimiento y en tu conducta, puedes leer mi libro “Inteligencia no verbal” (Ediciones Paidós)