Cómo ser una persona cálida y cercana

En general, consideramos que la calidez y la cercanía son potenciadoras de las relaciones humanas. Preferimos estar con una persona que nos resulta accesible, nos acoge amablemente y no marque distancias por jerarquía, arrogancia o incluso desconfianza.

Sin embargo, los conceptos de calidez y frialdad en las relaciones personales son relativos y dependen mucho de la cultura en la que estamos. Solemos considerar que la cultura latina es cálida, frente a las culturas del norte de Europa, que calificamos de frías.

¿Qué hace que una persona sea cálida o fría? Fundamentalmente su comunicación no verbal, tal como puedes ver en el vídeo más abajo. También las palabras, las fórmulas de bienvenida y despedida y el tono de voz influyen en la percepción que los demás tienen de nosotros.

La actitud que proyectamos hacia los demás condiciona también su respuesta y así provocamos un tipo de relación u otra. Y, aunque en general la calidez resulta más agradable y parece más humana, no siempre es necesaria ni conveniente.

No esperamos que determinadas personas, por su rol, sean empáticas, nos miren con una sonrisa y nos abran los brazos. Hay muchas situaciones en las que es prudente, pertinente y necesario -incluso para nuestra seguridad- mantener distancia física y emocional.

Tradicionalmente, las estructuras jerárquicas han utilizado la distancia para preservar el poder, diferenciarse de la base y protegerse de intrusiones molestas o ataques peligrosos. Monarcas, estadistas, aristocaria, clase alta y adinerada, líderes religiosos… pero también directivos, famosos, padres, maestros…

¡Pero el mundo está cambiando!

Y hoy los padres (hombres) van abandonando el modelo autoritario para ser más tiernos, empáticos, afectuosos con sus hijos. Los maestros procuran tener un tipo de relación con sus alumnos más basada en el respeto y la confianza. Y los líderes del mundo empresarial, están optando por modelos menos autoritarios, por lo que la distancia ya no es necesaria ni valorada. Sino que se aprecia la actitud abierta, humilde, respetuosa y empática.

Muchas personas todavía no han comprendido la necesidad de esta transición y creen que al mantener las distancias con los demás son más respetadas y valoradas. Pero suelen recibir los efectos de la falta de confianza y compromiso con la relación.

Es interesante que cada persona, por el lugar que ocupa en la sociedad o en una empresa, observe qué es lo que más le conviene y actúe de manera consciente.

Además del rol profesional, hay que tener en cuenta el momento, los objetivos de la comunicación y el tipo de interlocutor. Lo importante es que seamos conscientes de nuestra actitud y de los efectos que puede provocar.

La persona que lidera regula perfectamente la “temperatura” de la relación y no es ni demasiado cálida ni demasiado fría en ningún momento.